En uno de los suburbios obreros de ParÃs. Allà un párroco intelectual y culto, el abate Florian, escribe. Y asiste casi como un espectador, dejando hacer a dos curas de la nueva ola —como ahora se dice—, dos vicarios, Julio Barré y José Reisman, que tratan de llevar a la práctica la que ellos llaman ‘la nueva pastoral’. A base de no hablar de Dios, a base de una serie de actividades casi demagógicas, a base de estar, por sistema y en exclusiva, al lado del obrero. Entonces, al cabo de cinco años de este tipo de pastoral, les llega un refuerzo, el nuevo vicario, Pablo Delance, el héroe de nuestro relato. Pablo es un hombre interior, espiritual, el autor pretenderÃa que fuera un mÃstico. Y Pablo, con su dulzura, con su vida interior, con su silencio, consigue lo que los otros dos, en el apogeo de su actividad exterior, no han llegado nunca a conseguir. El abate Florian sigue atenta, apasionadamente, el desarrollo de los acontecimientos. Y por fin llega a la conclusión de que la nueva pastoral, el despojarse de la sotana para disfrazarse de obrero, el hablar la jerigonza marxista y el tolerar la coexistencia pacÃfica con los comunistas, no llega a ningún lado.







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