Cuando Bill Barnes abrió los ojos, la habitación empezó a dar vueltas a su alrededor, describiendo cÃrculos rápidos. Sillas, mesas, lámparas y aun las estanterÃas de los libros, parecÃan dirigirse raudos hacia un rincón. Y la cabeza del aviador iba de un lado a otro como la de un boxeador atontado por los puñetazos de su contrario. SentÃa el cuerpo bañado en sudor frÃo. Contrajo violentamente las mandÃbulas y trató de concentrar la mirada en un jarrón que estaba sobre la estanterÃa de la biblioteca. Y el vaso empezó, aparentemente, a girar de tal modo que Bill se sintió mareado. Quiso llevarse las manos a su dolorida cabeza y entonces observó que no podÃa moverlas. Las tenÃa fuertemente atadas a la silla en que estaba sentado. Unos trozos de alambre sujetaban con firmeza sus tobillos a las patas del mueble. Otro alambre que lo amarraba al sillón le oprimÃa el pecho.







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