Todo hace suponer que el macabro hallazgo de un cuerpo descuartizado en los bosques al norte de Algonquin Bay es obra de los osos. Pero las pesquisas llevan a los detectives Cardinal y Delorme a un remoto cobertizo de trampero, que el despiadado criminal ha utilizado como matadero. Y en la espesura del bosque, de pronto, aparece un segundo cadáver, desnudo y cubierto por una capa de hielo. Tras salvarse por los pelos de verse incriminado en una investigación sobre corrupción llevada a cabo -por la Real PolicÃa Montada de Canadá, a John Cardinal no le hace ninguna gracia enterarse de que el primer cadáver pertenece a un ciudadano norteamericano y de que la PolicÃa Montada participará en el caso. El principal problema, sin embargo, es el Servicio Secreto canadiense. ¿Su interferencia se debe a una cuestión jurisdiccional por su posible relación con un caso de terrorismo, o se trata de algo aún más siniestro? Hasta la naturaleza parece querer dificultar la tarea a los policÃas. La tormenta de hielo más severa de los últimos cien años azota el norte de Ontario. Los bosques congelados cobran una belleza deslumbrante y mortÃfera; sólo el estrépito de ramas y lÃneas de alta tensión congeladas al caer interrumpen el insólito silencio reinante. Con este tétrico telón de fondo, Cardinal deberá enfrentarse a un asesino.







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